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Pueblos Indómitos

Por: Eduardo Gutiérrez Arias

El título de esta columna es tomado de otro que la antropóloga María Angélica Suaza utilizó para su artículo en el suplemento de la revista Semana sobre el Huila, referido a los indígenas que poblaban el valle del Alto Magdalena durante la conquista española y que con tanto pundonor y fiereza defendieron su territorio, su libertad y su vida, en una guerra que se prolongó por más de 100 años. La lucha que hoy libran los cabildos de la región pertenecientes a los pueblos Nasa, Misak, Yanacuna, Embera y Pijao, es una prolongación de aquellos enfrentamientos y tiene el mismo propósito de defensa de la vida, la paz, un medio ambiente sano y saludable y el cumplimiento de compromisos firmados con ellos por el Estado. De esos compromisos sólo un 30% se ha cumplido. De los 400 líderes populares asesinados desde la firma de los acuerdos de paz con las FARC, una parte significativa han sido dirigentes de cabildos indígenas. La mayoría de las obligaciones convenidas en materia de educación, salud, vivienda, dotación de tierras y fomento cultural y deportivo, siguen a la espera de su realización. Estas comunidades que conservan una especial conexión con la madre tierra y tienen como principios la defensa del agua, la biodiversidad y el medio ambiente, no son escuchadas y menos atendidas cuando el gobierno propone proyectos de gran minería y presas hidroeléctricas, utilización del fracking para la explotación petrolera o la fumigación aérea con glifosato contra la coca, en sus zonas de influencia.

Para pedir el cumplimiento del Estado de los pactos con los pueblos indígenas, cerca de unos 20.000 han salido a las carreteras desde la semana anterior. Como el presidente Duque se ha negado a asistir en Caloto (Cauca) a las reuniones a las que lo ha invitado el CRIC, han terminado por bloquear las vías paralizando la movilización en buena parte del sur del país. Tal vez la intensa agenda del mandatario para derrocar a Maduro de la presidencia de Venezuela o su interés por entrabar los acuerdos de paz con las FARC o el afán por iniciar las fumigaciones aéreas con glifosato contra los cultivos de coca, no le han dejado tiempo para negociar con los indígenas. O quizá piense como cualquier déspota que a él sólo lo obligan los pactos firmados por él mismo. Mientras tanto en el país crecen los conflictos sociales sin atención ni solución que podrían sumarse al paro indígena como el de los maestros o el de los cafeteros.

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